La deuda de lo impostergable
La deuda de lo impostergable Me acostumbré a postergar el precio de asumir el dolor y me volví adicto a los analgésicos . Esos medicamentos no solo eran pastillas que ingería, sino también conductas que reprimían la emoción ; conductas que me anclaban en el no-soltar por completo la vulnerabilidad y la fragilidad que el dolor exige para ser sentido en su pico máximo de estrés emocional. Asumí que si postergaba el dolor, sería feliz de manera infinita; que el dolor no merecía ser sentido y que era una forma de debilidad ante un mundo cada vez más hostil en sus tratos con el colectivo social. Pero llegó un día en que la deuda emocional ya no solo era impagable, sino que no podía ser contenida por mi cuerpo. Primero fueron mis huesos, que se desgastaron. Luego, mis músculos se contrajeron ante el dolor eléctrico de los nervios, que impedían el movimiento. Finalmente, cuando mi cuerpo se detuvo por completo y mi universo comenzó a derrumbarse, la m...