Fractales del pasado
Había tres encierros:
El del cuerpo, gobernado por la artrosis—una dictadura del dolor en los huesos.
El del virus, que nos aisló en cuarentena.
Y el de un sistema que abandona a los que no pueden producir.
En medio de todo, este arnés improvisado.
No era cura, no era milagro.
Era un acto de magia negra corporal:
un hechizo para liberar—aunque fuera por minutos—el hueso invadido.
Una ilusión necesaria.
Un respiro robado al dolor.
Como en los abajocomunes, no se trataba de sanar para el sistema, sino de habitar la ruptura.
De encontrar, en el gesto prohibido, un territorio libre.
Este video es el mapa de esa fuga.
El siguiente video documenta un ejercicio para aliviar el dolor durante la artrosis de cadera: la evidencia de una dictadura del dolor en un cuerpo sitiado.
En sintonía con Moten y Harney y su concepto de los abajocomunes, este registro muestra un cuerpo en fuga de su propia biología, cautivo en una prisión invisible de la que solo puede escapar—por instantes—apelando a un imaginario creativo y sagaz. Aquí, un arnés improvisado se convierte en acto de insurrección íntima. Una liberación temporal que no niega la fractura, sino que habita en ella. Como en el kintsugi, no se trata de ocultar las roturas, sino de hacerlas visibles y bailar con ellas, incluso cuando el movimiento duele. Este es un archivo corporal de la resistencia. Un fractal del pasado que persiste en el hueso y en el gesto. Un recordatorio de que, a veces, la fuga no es huir, sino quedarse y moverse donde todo ordena quietud.
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