En épocas de mucha apertura sumergirnos en un vínculo con un otrx es un acto de valentía, casi heroico.
El problema reside cuando el/la otrx
tiene la responsabilidad
de darnos lo que esperamos.
Lo que suponemos que necesitamos.
Creo que el estar con una persona,
elegir acompañarse
implica un trabajo de los más enormes
porque el vínculo nos necesita
presentes y conscientes
todo el bendito tiempo.
En épocas de mucha apertura
sumergirnos en un vínculo con un otrx
es un acto de valentía,
casi heroico.
Porque, al contrario de lo que parece,
necesitamos quitarle peso:
no tiene ninguna responsabilidad
más que estar presente como yo
en esto que construimos.
No pongamos a nadie
en lugares que sólo debemos ocupar
nosotros
con nosotros mismos.
Ah si.
Y lo más difícil:
aceptar nuestro miedo
pero no abandonarnos a él.
Mi herida se resignifica
cuando me abro a una persona.
Afloran mis dolores, mis temores,
mis inseguridades todas,
como si le hubiesen mostrado una carnada
-y ese mismo fuera yo-
entonces ahí me encuentro
esperando para ser comida cruda.
Pero le doy pelea.
No voy a rendirme.
Este trabajo conmigo me encanta.
Porque me propone sanar.
El vínculo con el otro
me regala sanar el vínculo conmigo mismo
y todos los terrores que creía olvidados.
La verdad es que no tengo
ninguna respuesta, ni espero tenerla.
Sólo puede aventurarme a decir
que más allá de lo difícil que suene
no hay nada que me guste más
que abrir de par en par el pecho,
mi corazón y mi cuerpo
para ser atravesado
por la flecha
de lo desconocido
y entregarme
peleándome quizás conmigo mismo
para volver a sanar la herida
reconocer el miedo,
y seguir creciendo
con la incertidumbre
como única certeza,
pero con la fuerza del amor propio
como mi remo.
Útera
Sin el otro es muy difícil sanar. Nadie sana solo, la ayuda del otro es clave para tener una mano y hombro que nos acompañe en este viaje de cuerpos rotos que se ayudan mutuamente.

Comentarios
Publicar un comentario